Mi e-Oasis

Una ofrenda entrópica de mis experiencias.

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La responsabilidad de la gestión del cambio.

2008-09-30 · Sin comentar

Gracias a la lechuza de Minerva, recordé que

Heráclito afirmaba que

el fundamento de todo está en el cambio incesante; que el ente deviene, que todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa.

Parménides, en cambio, decía que

la afirmación del ser se opone al cambio, al devenir, y a la multiplicidad; y que si se reconoce el cambio del ser, sería como reconocer que ahora “es” algo que “no era” antes y que dejará de ser después, lo que resultaría contradictorio y, por lo tanto, inaceptable.

Creo que ambos tenían razón, el problema es que su percepción del ser, a mi entender, es limitada: Uno se perdía en el concepto de transformación de la esencia, y otro en el concepto de adaptación sin perder la esencia. No es una discusión que haya terminado, es la búsqueda de la respuesta a las preguntas de siempre, quién soy, dónde voy, de dónde vengo…

Otras frases como

La vida fluye como los ríos y no es posible bañarse dos veces en el mismo río (Rabindranath Tagore).

O el descubrimiento del queso en las políticas de gestión de empresas, la gestión del cambio, fruto del desasosiego empresarial ante unas condiciones de contorno cada vez más dinámicas tratan de alumbrar (a veces en los dos significados del término) la realidad, pero eso sí, cuando políticas de gestión del cambio mal entendidas sacrifican el concepto de la misión de la empresa alegremente volvemos a encontrarnos con un enfrentamiento.

En mi opinión es posible armonizar ambas concepciones si consideramos que el ser, es todo su devenir en el eje de la dimensión tiempo, por tanto preocuparnos del ser es preocuparnos por nosotros en todo tiempo, y en un instante concreto sólo podemos describirnos como integral hasta ese instante de nuestra evolución desde el principio de los tiempos. Por tanto, preocuparnos por nuestro ser ahora debe ser preocuparnos por nuestra foto completa sobre el eje del tiempo, siendo muy conscientes de que estamos limitados a una sola dirección, una sola flecha del tiempo, que diría Hawking. Ya, ya se que en el contexto de algunas teorías incompletas, aunque endiosadas, se puede uno divertir con posibilidades no causales de la realidad, pero no creo que prosperen a largo plazo más allá de para crear un continente descriptivo que albergue a una teoría conforme a la relación causa-efecto.

Debemos, por tanto, ocuparnos, que no preocuparnos, de nuestro ser en todo tiempo, para lo cual debemos olvidarnos del corto plazo y el largo plazo y aprender a pensar en objetivos “a todo plazo”, de los que derivemos acciones concretas en los instantes que sea menester, ya que lo que somos ahora y lo que seremos después no son más que dos proyecciones de una misma realidad causal (que no calvinista), de una misma esencia que construimos con todas y cada una de nuestras decisiones.

Decía Antonio Machado

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

y, esta otra cita cuyo autor desconozco, y que es una de mis favoritas, abunda en lo mismo

Cuando bailas con el diablo, el diablo no cambia, cambias tú

y no se dice nada que no supieran templarios, alquimistas, budistas, cualquiera que haya hecho cualquier tipo de peregrinación, a La Meca, o al Camino de Santiago, en la realidad, o en la ficción. Todos aquellos que buscan SER CAMINO a través de un viaje iniciático que no es tanto un viaje de transformación, sino, sobre todo, un viaje de definición en el que buscamos dibujar nuestra impronta vital, nuestra contribución pequeña, que no despreciable, en el maravilloso Cosmos que acoge nuestro devenir.

Pero se puede ir más lejos. Decía Jesús de Nazaret,

Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Esta afirmación, o deseo que podemos tener todos de ser camino en el sentido que he relatado antes, tiene otra implicación, pues camino es aquello que permite ir de un punto a otro, no sólo nos define, sino que aumenta la probabilidad de que, el camino recorrido se haga más probable, por tanto intentemos que esa contribución estadística sea positiva, o al menos coherente. Recordemos que la visión cuántica, íntimamente probabilística, hace que sea posible todo aquello que no está prohibido. Cada uno de nosotros, cuando define su ser, cuando anda su camino, su senda, no puede evitar, por tanto, ser responsable de promocionar un camino frente a otros. Ese gran poder, como decía Ben Parker, es una gran responsabilidad, una responsabilidad que debemos asumir con humildad allá donde estemos, pero tanto más cuanta más responsabilidad tengamos sobre otros, pues más probable es que influyamos, que causemos, que seamos operadores de causalidad en esta gran Álgebra que nos acoge.

Tags: Empresa · Gestión · Pandora · Sociedad

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