A través de éste artículo sobre el futuro de la educación en Europa del EU Observer, con la esperanza de encontrar algo que compensara la mala noticia del lunes llego a éste otro:
Time to link academia to business needs, says EU commissioner
y me pregunto si también en este aspecto el rumbo es el adecuado. Las universidades europeas son los centros de investigación en innovación con y por excelencia, y no lo son porque respondan a las necesidades de los modelos de negocio de las empresas, sino porque basan su actividad en responder a necesidades de investigación básica, que abre las puertas a los negocios del futuro y porque ese hecho tiene como efecto colateral el dar respuesta a las necesidades de los modelos de negocio ya establecidos. No digo que la universidad tenga que estar ciega a la realidad del mercado laboral, al fin y al cabo quien estudia lo hace, en general, para adquirir un sello de calidad, una auditoría que teóricamente certifica que tiene una preparación suficiente en un determinado ámbito, pero pretender que esa sea la solución para que las empresas tengan a la gente con una preparación a medida para sus necesidades es, en primer lugar, peligroso, y en segundo lugar, ingenuo. Ingenuo porque la realidad evoluciona a una velocidad tal que los planes de estudio no pueden perseguir a las “modas”, y peligroso, por tanto, porque de esa forma sólo conseguiríamos tener a gente preparada para la realidad del pasado, del día que se diseño el plan, descuidando la formación básica, procedimiental, científica, en juicio crítico y humana que capacitaría a esos profesionales para afrontar cualquier realidad por cambiante que esta sea.
No es la unversidad la que debe acercarse a la empresa, sino la empresa la que debe acercarse a la universidad y, si no lo está haciendo, la solución no es eliminar los pocos catalizadores de esas acciones (¿Por quién doblan las campanas?) ni transformar los planes de estudios (eso sí que es un gasto y además una mal inversión) para hacer de las universidades un dique endeble contra el entorno que pone de manifiesto carencias empresariales que no se pueden ni deben combatir de esta forma.
Tenemos un ciclo de formación profesional mal aprovechado que podría aprovecharse mejor para este tipo de necesidades, pero también sin abusar. Hay que incidir en la preparación, y no en la memorización de recetarios que sí o sí caducarán, y más pronto que tarde. Una política más firme en cuanto a los programas de formación continua combinada con una coordinación real de la educación básica, la formación profesional, la educación universitaria y los programas de master o de doctorado, en ese orden y no construyendo la casa por el tejado (a quién se le ocurriría empezar a diseñar los planes de master y doctorado antes de tener definidos los pilares en los que deberían apoyarse). Tenemos que dar a nuestro futuro la oportunidad de consolidar sus conocimientos sobre bases firmes fundamentadas en un principio de exigencia, excelencia y esfuerzo. Permitamos que la educación básica aporte esa cultura de esfuerzo, esos métodos báscios de estudio, esa consistente cultura general, el juicio crítico, la capacidad dialéctica y la capacidad de expresión oral y escrita (por favor!!!). Dejemos que la formación profesional haga hincapié en una previsión a corto-medio plazo de las necesidades productivas y convirtamos a la universidad en ese “algo más”, en esos centros de excelencia que construyan los caminos del futuro. El largo plazo y el muy largo plazo. Dejemos que la universidad sea un faro que ilumine a las empresas y que estas utilicen estos faros para establecer sus estrategias y no las convirtamos en una linterna para evitar tropezar con las piedras del camino, ni en una torre de marfil aislada del contacto empresarial y “condenada” a los programas marco. Es bueno fomentar la colaboración universidad-empresa, pero sin tocar los planes de estudio. Fomentemos esa sinergia dando a los departamentos facilidades para contratar a personal no docente, fomentando estas colaboraciones en pro de la I+i inmediata a través de esas exenciones fiscales que, no se por qué, se han decidido suprimir, favoreciendo la inclusión de docentes en empresas, premiando curricularmente la participación de los funcionarios universitarios en proyectos de I+i con empresas, … catalicemos ese caldo de cultivo, pero sin sacrificar la calidad de los ingredientes.
Encuesta de opinión: Pulsa (una sóla vez ;^D) sobre el vínculo que más se aproxime a tu opinión.




3 comentarios de momento ↓
1 Hipotecas // 2008-07-7 a las 22:34
creo que primero universidad y luego empresa, de lo contrario la lógica común que tanta falta hace en las empresas españolas por parte de los empleados.
–
Mundo Prestamos
Hipotecas y Prestamos
2 Jaime Cuesta // 2008-07-8 a las 16:14
Yo creo que lo que tiene que cambiar es la forma de evaluar los méritos en la Universidad.
3 José María // 2008-07-8 a las 18:50
Jaime, sí, ese es un aspecto del problema como mencionaba de pasada al final de mi artículo y como tú comentas más largamente en el tuyo (me ha encantado!). Hay que cambiar el modelo y para una vez que hay una oportunidad, con esto de la convergencia con “Europa”, se desaprovecha.
Deje un comentario