Mi e-Oasis

Una ofrenda entrópica de mis experiencias.

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El ritmo de Tuvá.

2008-04-22 · Sin comentar

Hace días escuche por la radio un programa en el que hablaban de la República de Tuvá, una de las repúblicas que forman parte de la Federación Rusa, a cuenta de la presentación del libro TUVÁ, de Gonzalo Moure; una novela que transcurre en ese lugar, y que sospecho fundadamente que será uno de los próximos libros que leeré.

En Tuvá tienen una especial devoción por la música y por los caballos, a los que domestican y preparan “psicológicamente” para ciertas tareas usando como herramienta determinadas cadencias rítmicas, en forma de cantares chamánicos, hecho éste que por sí sólo, y por la certeza de un libro basado en la experiencia de sudor y bota de su autor, ya me parece razón suficiente para devorar el libro, profundizar en el folklore de Tuvá y, ojalá, poder viajar allí algún día.

Sobre su peculiar música he encontrado una reseña muy completa e interesante en el blog de Alberto Ablanedo, desde dónde extraigo este párrafo:

El elemento más característico de la música de Tuva es el Khoomei o canto bifónico, que también se da en partes de Mongolia el Tibet, y existen formas de canto parecidas en Finlandia y Japón. También es llamado canto armónico o canto difónico. Este tipo de canto era practicado por los pastores durante las largas horas de espera al cuidado del ganado. Consiste en producir dos tonos diferentes a la vez usando solo la voz; una nota fundamental y una serie de armónicos que se producen en la garganta y en la boca, usando la lengua para dividir la boca en varias cavidades y de esta forma producir diferentes sonidos.

La historia de la humanidad está llena de ejemplos en los que el ritmo se usa como herramienta para conseguir un estado mental adecuado a la siguiente acción a realizar, danzas tribales, ceremonias religiosas, cánticos de guerra, el sonido del andar sincronizado de los soldados, las canciones de cuna, la música repetitiva y, sobre todo, predecible, ya sea por construcción o por conocimiento que usamos como “portadora” para acciones repetitivas y que requieren una especial captación de nuestro interés, etcétera. Incluso la naturaleza nos ha provisto ejemplos, como el estado de ánimo agresivo que se contagian entre sí las langostas cuando vuelan en grandes enjambres y que las convierte en feroz plaga. Pero es la primera vez que oía hablar, tal vez por ignorancia, del uso de la música como lenguaje de comunicación emocional “entre especies”… o tal vez no: ¿no es la música la que “amansa” a las fieras? ¿no es la naturaleza la que nos advierte con patrones rítmicos de determinados acontecimientos? ¿no es la música vibración? ¿no es acaso la vibración, el oscilar, la naturaleza ondulatoria de la más mínima expresión de la materia la que, por agregación, transporta los mensajes más íntimos?
Efectivamente, no sólo no es extraño o curioso, sino natural. Tal vez la modernidad de nuestras vidas nos hace olvidar que, en el fondo, el secreto de la naturaleza consiste en saber escuchar, en saber percibir, en saber sentir el ritmo de nuestras vidas, el ritmo de la vida y en ser, a la vez, sintonizadores y transmisores de los ritmos adecuados.

Tags: Música · Ocio · Sociedad · Viajes

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